Cada 6 de junio, Bolivia celebra el Día del Maestro para rendir homenaje a los educadores del país y conmemorar la fundación de la primera Escuela Normal de Maestros en Sucre, en 1909. Esta fecha es también una oportunidad para recordar el nacimiento de Modesto Omiste Tinajeros, uno de los pensadores más importantes de la educación boliviana, quien dedicó su vida a la enseñanza popular y lideró la Reforma de la Instrucción Primaria en Potosí.
Hoy en día,
la educación se ha convertido en un pilar fundamental para el desarrollo y la
reivindicación de los pueblos indígenas. A través de las aulas se profundiza
sobre la autonomía y la gestión territorial desde la propia realidad cultural.
Por ello, hablar de educación en este contexto exige vincularla directamente
con el territorio: no puede existir una educación con identidad sin un
territorio propio, y no se puede consolidar la autonomía sin la articulación de
ambos elementos.
El rol del maestro rural y la preservación cultural
En el marco
de las Autonomías Indígenas Originarias Campesinas (AIOC), el rol de los
educadores rurales cobra una relevancia histórica. Son ellos quienes se
trasladan a las comunidades más alejadas para impartir conocimientos,
convirtiéndose en un puente vital para preservar la lengua materna y la
cosmovisión local. Un claro ejemplo ocurre en el pueblo guaraní, donde los
maestros bilingües hacen todo lo posible desde su rol, para que las tradiciones culturales y el
idioma sigan vivos en las nuevas generaciones.
Testimonio desde el territorio: La realidad en el aula
Para conocer
de cerca esta situación, conversamos con la profesora Ruth Fernández, de la
Unidad Educativa Guirakota de la comunidad Ivamirapinta, ubicada en la zona
Gran Kaipependi Karovaicho de la entidad territorial Kereimba Iyaambae.
Ella describe los desafíos a los que se enfrentan los maestros rurales en el
aula:
“Nosotros en el campo impartimos los mismos conocimientos que en la ciudad porque seguimos el mismo plan curricular. La diferencia es que nos adecuamos al bolsillo de los padres de familia y no exigimos demasiado material, ya que la realidad económica del campo es muy distinta. El profesor rural debe ser muy estratégico para desarrollar los temas planificados. A esto se suma la falta de infraestructura; la mayoría de nuestros establecimientos no cuentan con laboratorios, que son de vital importancia para enseñar materias como Física y Química. Aun así, nos adecuamos a la situación que nos toque para garantizar el aprendizaje”.
El desafío de la brecha tecnológica
La
transición hacia las herramientas digitales sigue siendo una tarea pendiente y
desigual en las áreas rurales, una realidad que quedó al descubierto durante la
crisis sanitaria COVID-19. Al respecto, la profesora Ruth Fernández detalla
cómo se vivió este proceso desde su unidad educativa:
“Durante la pandemia del COVID-19, en nuestra unidad educativa pasamos clases mediante cartillas y videos que enviábamos por WhatsApp; no de manera virtual como en las ciudades. En nuestro contexto no contamos con los medios: las familias guaraníes suelen ser numerosas, no hay computadoras en las casas y la señal de internet es deficiente. No estábamos preparados para esa realidad”.
A pesar de
las adversidades, la profesora destaca que la emergencia obligó al magisterio a
romper barreras: “Esta situación nos impulsó a capacitarnos en el manejo de
las nuevas tecnologías. Ahora los jóvenes son los más expertos en el tema; el
reto es mayor para nosotros los profesores, sobre todo para quienes ya somos
mayores”.
En este Día del Maestro, rendimos un justo homenaje a la dedicación, paciencia y vocación de aquellos que, a pesar de las distancias y las carencias, guían el futuro de la niñez y juventud boliviana desde el corazón de sus territorios.


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