Hablar
de la Lic. María Aida Mojica Miranda, Directora Ejecutiva de Formación
Solidaria (Formasol), es recorrer una historia marcada por el compromiso
social, la vocación educativa y el trabajo cercano junto a las comunidades
indígenas. Su trayectoria refleja años de dedicación a la educación popular y
al impulso de los procesos autonómicos que buscan construir mejores
oportunidades para los pueblos indígenas del departamento de Santa Cruz.
En
el día de su cumpleaños, la directora de Formasol repasa su caminar profesional,
los desafíos de la gestión social y la urgente necesidad de consolidar los
derechos y el liderazgo de las mujeres indígenas del país.
Raíces y
vocación de servicio
El
liderazgo social suele construirse a partir de experiencias que dejan huella
desde la infancia. En el caso de María Aida Mojica, su vocación se forjó en el
seno familiar, entre responsabilidades tempranas, esfuerzo constante y una
profunda sensibilidad hacia los sectores más vulnerables.
“Soy
una persona leal, una profesional comprometida y muy objetiva en lo que me
planteo, pero también soy humana”, afirma. Como hermana mayor de seis hermanos,
asumió desde temprana edad un rol de cuidado que, asegura, marcó su forma de
relacionarse con los demás. “Traigo conmigo eso de apoyar, cooperar y
compartir. Estoy siempre abierta al diálogo y soy muy sociable, algo que
considero una fortaleza tanto en lo personal como en lo profesional”.
Su
historia laboral comenzó mientras cursaba la carrera de Ciencias de la
Educación. Al mismo tiempo que estudiaba, trabajaba para contribuir a la
economía familiar, una experiencia que fortaleció su disciplina y compromiso. Sus
primeros pasos laborales los dio en la Universidad NUR y posteriormente en la
Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (UAGRM). Sin embargo, fue su
incorporación a Fe y Alegría la que marcó un antes y un después en su vida
profesional.
El encuentro con
el territorio guaraní
En
esa institución conoció de cerca la realidad de las comunidades indígenas de
tierras bajas y profundizo su formación en educación popular. Allí también
inició un vínculo cercano con el pueblo guaraní, una experiencia que definiría
gran parte de su trabajo posterior.
Más
adelante llegó a Formasol, organización que actualmente dirige y desde donde
acompaña procesos fundamentales para el ejercicio de los derechos colectivos,
entre ellos la consolidación de la Autonomía Indígena Kereimba Iyaambae.
“Fe
y Alegría me dio las bases de la educación popular, pero Formasol ha sido un
espacio de crecimiento pleno. Aquí conocí las autonomías indígenas y sus
demandas. Sé que aún hay mucho por hacer y aspiro a que, en el futuro, el apoyo
externo deje de ser una necesidad urgente para convertirse en el inicio de
nuevos caminos autónomos para las comunidades”, señala.
Asumir
la dirección de la institución representó un importante desafío, especialmente
en un contexto complejo para las organizaciones sociales. Sin embargo, Mojica
mantiene una filosofía heredada de su familia: “Para todo hay solución, menos
para la muerte. Si surge un problema, el foco debe estar en la salida, y en eso
enfoco mi caminar”.
Las mujeres
indígenas frente a la desigualdad
Desde
su experiencia de trabajo en territorio, la directora de Formasol observa con
preocupación las dificultades que enfrentan las mujeres indígenas,
especialmente las lideresas, productoras y artesanas guaraníes.
“Lo
más difícil para una mujer es la doble o triple jornada que debe cumplir. Lo he
visto de cerca con las mujeres guaraníes: son madres, amas de casa,
productoras, artesanas y, además, culturalmente cargan con la atención
exclusiva del hogar”, explica.
A
esta carga de trabajo se suma una persistente desigualdad económica. Según
Mojica, las brechas salariales continúan afectando a las mujeres, incluso
cuando desempeñan funciones similares a las de los hombres.
“Todavía
existe una remuneración diferenciada. Muchas veces las mujeres trabajan más y
reciben menos reconocimiento. Aunque se han logrado avances normativos
importantes, la aplicación efectiva de esos derechos sigue siendo una deuda
pendiente, especialmente para las mujeres indígenas”, sostiene.
El diálogo como
respuesta a la crisis
Al
referirse a la situación social y económica que atraviesa Bolivia, la
profesional advierte que los efectos de las crisis suelen sentirse con mayor
intensidad en las comunidades rurales e indígenas. Por ello, considera
indispensable fortalecer los espacios de diálogo entre autoridades y
ciudadanía.
“El
diálogo es fundamental, y para eso las autoridades deben estar dispuestas a
promover esos espacios. La crisis no solo afecta a las ciudades; afecta con
mayor dureza a los más necesitados, y esas son las comunidades indígenas”,
concluye.
Con
una vida dedicada a la educación popular, la gestión social y el acompañamiento
a los pueblos indígenas, María Aida Mojica continúa apostando por una sociedad
más equitativa, donde la autonomía, la participación y los derechos de las
mujeres sean una realidad efectiva y no solo una aspiración.