Cada
17 de octubre se conmemora el Día Internacional para la Erradicación de la
Pobreza, una fecha que invita a reflexionar sobre las desigualdades sociales y
económicas que afectan a millones de personas en el mundo. En este contexto,
los pueblos indígenas enfrentan desafíos estructurales relacionados con el
acceso a servicios básicos, las condiciones de vivienda y las oportunidades
económicas, una realidad que también se manifiesta en Bolivia.
“Considero que, a pesar de las condiciones actuales de carencias de recursos económicos que afectan a la población en general, a los pueblos indígenas también les impacta profundamente, y si aún hay algún margen de supervivencia, se debe a los elementos etnoeconómicos”, afirmó Puerta.
Frente al modelo de acumulación mercantil dominante, las economías indígenas mantienen prácticas de organización y solidaridad que contribuyen a la subsistencia de las familias y al bienestar colectivo. Entre ellas destacan:
- La reciprocidad y la ayuda mutua, que fortalecen los vínculos comunitarios y permiten afrontar necesidades compartidas.
- El
trabajo colectivo y la solidaridad, mediante los cuales las comunidades se
organizan para responder a necesidades prioritarias, como la salud y la educación.
- El
trueque y el intercambio de productos, prácticas tradicionales que contribuyen
al acceso a alimentos y otros bienes básicos, especialmente en contextos de
crisis económica.
Para Puerta, estas formas de organización etnoeconómica permiten amortiguar los efectos de las crisis y sostener las condiciones de vida de las familias, reafirmando la importancia de la cooperación y de los vínculos comunitarios.
Una de las apuestas de los pueblos indígenas, particularmente del pueblo Guaraní, ha sido la creación de universidades indígenas, como la Universidad Indígena Guaraní y de Pueblos de Tierras Bajas “Apiaguaiki Tüpa” (UNIBOL Guaraní).
Estas instituciones buscan formar profesionales capaces de vincular sus conocimientos con las necesidades de sus comunidades y contribuir al fortalecimiento de las economías locales. La formación en áreas como acuicultura, medicina veterinaria y zootecnia e ingeniería forestal ofrece herramientas para impulsar iniciativas productivas, promover el aprovechamiento responsable de los recursos naturales y articular los conocimientos científicos con los saberes propios de los pueblos indígenas.
Desde
esta perspectiva, la educación superior indígena representa una oportunidad
para fortalecer las capacidades locales, generar alternativas económicas y
contribuir a una mayor autonomía de las comunidades.
El licenciado Santiago Puerta advierte que los territorios indígenas están sometidos a presiones constantes debido a la expansión de la frontera agrícola, la ganadería, las actividades extractivas y los efectos del cambio climático. Los incendios forestales también representan una amenaza para la biodiversidad, los medios de vida de las familias y la soberanía alimentaria de las comunidades.
Frente a estos desafíos, existen alternativas productivas que buscan generar ingresos sin comprometer la conservación de los ecosistemas. Entre ellas se encuentran:
- El manejo sostenible de los bosques y el aprovechamiento de productos no maderables, como la miel, el cusi, el copoazú y las almendras, que pueden contribuir a la generación de ingresos y a la conservación forestal.
- Los
sistemas agroforestales y los chacos sin quema, que combinan prácticas
tradicionales y conocimientos técnicos para mejorar la producción, conservar
los suelos y fortalecer la capacidad de las familias para afrontar las
variaciones climáticas.
Estas alternativas muestran que la economía comunitaria puede contribuir a la generación de ingresos y al cuidado del territorio, siempre que existan condiciones adecuadas de apoyo técnico, acceso a recursos y oportunidades de comercialización.
Para avanzar hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible y erradicar la pobreza, Puerta considera fundamental respetar las autonomías indígenas y fortalecer la gobernanza comunitaria. Esto implica reconocer la capacidad de los pueblos para definir sus propias prioridades de desarrollo, de acuerdo con sus formas de organización, sus conocimientos y su relación con el territorio.
“El desarrollo no es unánime para todos; los pueblos indígenas tienen una perspectiva donde la pobreza debe erradicarse de manera integral, asegurando salud, educación, territorio y una vida en armonía con la naturaleza”, concluyó.
La reflexión invita a comprender que la erradicación de la pobreza va más allá de los ingresos económicos. Para los pueblos indígenas, también supone garantizar derechos, fortalecer las economías comunitarias, preservar los territorios y asegurar condiciones de vida dignas, en armonía con la naturaleza y con sus propias formas de entender el bienestar.






