Cada 15 de octubre se conmemora el Día Internacional de las Mujeres Rurales, establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2007, con el objetivo de reconocer la contribución de las mujeres al desarrollo rural, la agricultura, la seguridad alimentaria y la conservación del medio ambiente y la biodiversidad.
Según la Organización de la Naciones Unidas (ONU), las mujeres desempeñan un papel fundamental en los sistemas agroalimentarios y en el sostenimiento de las economías rurales. Sin embargo, continúan enfrentando desigualdades en el acceso a la tierra, el financiamiento, la educación, la tecnología y otros recursos necesarios para fortalecer sus actividades productivas.
En la Capitanía
Kaaguasu, perteneciente a la Entidad Territorial Guaraní Kereimba
Iyaambae, el trabajo cotidiano de las mujeres rurales constituye un pilar
fundamental para la economía familiar y comunitaria. Jacinta Quezada,
Mburuvicha y productora de la comunidad Ipitacito del Monte, representa la
realidad de muchas mujeres guaraníes que, con esfuerzo y perseverancia,
enfrentan las dificultades climáticas, las limitaciones económicas y las barreras
estructurales que afectan a la producción agrícola.
Para la Mburuvicha Jacinta y su familia, el cultivo de maíz representa una de las principales fuentes de sustento. Sin embargo, los últimos años han estado marcados por dificultades económicas y condiciones climáticas adversas que han afectado considerablemente su producción. Según relata, la falta de lluvias oportunas y la presencia de plagas, como la "chicharrilla", han perjudicado las cosechas y reducido el rendimiento, afectando también la calidad del grano.
La escasez de precipitaciones, las altas temperaturas y los vientos fuertes agravan el panorama agrícola de la región. Frente a estas condiciones, la utilización de maquinaria representa una alternativa para realizar las labores del cultivo; sin embargo, también implica costos elevados que incrementan las obligaciones económicas de las familias productoras.
Por su parte, la mburuvicha Jacinta manifestó que mantener la producción implica asumir riesgos importantes, especialmente cuando los resultados de la cosecha no permiten cubrir las inversiones realizadas.
Uno de los principales desafíos que enfrentan las mujeres productoras es el acceso al financiamiento en condiciones que respondan a la realidad de la agricultura familiar. A ello se suma la falta de títulos de propiedad a nombre de las mujeres, una situación que puede limitar sus posibilidades de acceder a recursos y fortalecer su autonomía económica.
Asimismo, la mburuvicha Jacinta explicó que cada año debe recurrir a préstamos bancarios de montos considerables para financiar el cultivo de maíz en aproximadamente 26 hectáreas. Esta decisión implica asumir compromisos financieros que se vuelven difíciles de cumplir cuando las condiciones climáticas afectan la producción.
“El banco no te perdona, el banco te presiona hasta que tienes que poner el porcentaje cuando tienes que pagar. Este año ya me tocaba rematarlo todo, pero no he podido, he tenido que refinanciar mi préstamo”, señala Jacinta al referirse a la presión que ejercen los intereses y las deudas bancarias sobre su economía familiar.
A pesar de estas dificultades, las mujeres productoras de Ipitacito del Monte han buscado distintas formas de mantener sus actividades agrícolas. Según Jacinta, algunas comenzaron gestionando créditos de manera grupal y posteriormente pasaron a hacerlo individualmente. Esta experiencia refleja tanto su capacidad de organización como los riesgos que deben asumir para sostener sus emprendimientos productivos.
En el marco del Día Internacional de las Mujeres Rurales, las experiencias de las productoras guaraníes ponen de manifiesto la necesidad de una mayor atención institucional a las dificultades que atraviesan las familias rurales e indígenas en Bolivia.
Las familias productoras no solo enfrentan la incertidumbre climática y los costos de producción, sino también las dificultades para acceder a financiamiento adecuado y el peso de las obligaciones bancarias. Ante esta realidad, resulta fundamental impulsar políticas y acciones que fortalezcan la producción familiar, promuevan el acceso equitativo a los recursos y contribuyan a mejorar las condiciones de vida de las comunidades.
“Como guaraníes no nos podemos quedar callados”, enfatiza la mburuvicha Jacinta, haciendo un llamado a la unidad de las mujeres y a la sensibilidad de las autoridades para escuchar las demandas del sector rural, donde la economía actual afecta con mayor dureza a los sectores más vulnerables.
Su testimonio refleja la determinación de las mujeres guaraníes que, además de sostener la economía de sus familias, asumen responsabilidades comunitarias y defienden sus derechos frente a las dificultades que amenazan sus medios de vida.
El
Día Internacional de las Mujeres Rurales es, por tanto, una oportunidad no solo
para reconocer su esfuerzo, sino también para visibilizar las desigualdades que
enfrentan y reivindicar mejores condiciones para que puedan producir, vivir
dignamente y contribuir al desarrollo de sus comunidades.








