Cada 12 de agosto se celebra el Día Internacional de la Juventud, fecha instituida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1999 para visibilizar las problemáticas del sector y potenciar su rol como actores clave del desarrollo social. Sin embargo, este 2026 la conmemoración llega acompañada de una dura advertencia sobre las barreras laborales, políticas y culturales que enfrentan las y los jóvenes.
A nivel global, los esfuerzos institucionales siguen
siendo insuficientes. Un reciente informe publicado por la Organización
Internacional del Trabajo (OIT), titulado “Tendencias mundiales del empleo
juvenil 2026: Regreso al futuro”, pone en evidencia una crisis creciente: el
desempleo juvenil aumenta mientras el acceso al trabajo decente se vuelve cada
vez más lejano.
De acuerdo con la OIT, la tasa mundial de desempleo juvenil escaló hasta el 12,4%, lo que representa a 67 millones de personas de entre 15 y 24 años sin empleo. Asimismo, la proporción de jóvenes que no estudian, no trabajan ni reciben formación aumentó al 20%, afectando a más de 257 millones de personas en todo el mundo.
Ante un mercado laboral incierto, el informe insta a los gobiernos a invertir en educación de calidad y a adoptar un enfoque centrado en las personas para la gobernanza de la Inteligencia Artificial. La OIT concluye que el verdadero reto no es solo crear puestos de trabajo, sino garantizar que ofrezcan seguridad, dignidad y oportunidades para una transición justa hacia la vida adulta.
Mientras las cifras globales exponen la precarización económica, en los territorios indígenas del oriente boliviano los jóvenes libran sus propias batallas en la esfera pública: superar la apatía política y defender su identidad.
Un reflejo de este camino se vive en el Distrito Indígena 16 de Marzo, en el municipio de San Julián (Santa Cruz). Allí, el pasado 2 de agosto, Mariela Álvarez fue elegida mediante normas y procedimientos propios para asumir el cargo de subalcaldesa del distrito.
En entrevista, la autoridad reflexionó con honestidad sobre los temores que persisten en las nuevas generaciones respecto a la dirigencia orgánica:
"La juventud guaraní tiene miedo a los cargos, ya que ello supone mucha responsabilidad, peor si se va a representar a una comunidad. Por eso muchos jóvenes no participan dentro de la organización, y peor aún, no asumen cargos dentro de ella", afirmó Álvarez.
A la falta de participación política se suma una profunda preocupación sociocultural: la pérdida de la identidad y de la lengua originaria.
"La realidad de la juventud guaraní es difícil, porque actualmente muchos jóvenes se avergüenzan de su identidad y ya no quieren hablar el idioma. Pero esta realidad, desde el cargo que estoy asumiendo, la queremos cambiar. Primero como mujer, debo demostrar que podemos sacar adelante a nuestra comunidad", manifestó con firmeza la subalcaldesa.
La gestión que inicia Mariela Álvarez en San Julián demuestra que los desafíos de la juventud van más allá de las estadísticas económicas; tocan la fibra de la representación política, el relevo generacional y la resistencia cultural en sus propios territorios.






