Cada 9 de agosto se conmemora el Día
Internacional de los Pueblos Indígenas, fecha establecida por la Asamblea
General de las Naciones Unidas en 1994 para recordar la primera reunión del
Grupo de Trabajo sobre Poblaciones Indígenas realizada en 1982. Esta jornada
busca visibilizar y salvaguardar los derechos fundamentales de los pueblos
originarios a escala global.
A lo largo de los años se han
impulsado diversos instrumentos normativos e institucionales, entre ellos la Declaración de las Naciones Unidas sobre los
Derechos de los Pueblos Indígenas y el Plan de Acción del Sistema de las Naciones Unidas adoptado en
2015, orientados a coordinar el respaldo institucional a los Estados miembros y
a los propios pueblos originarios.
Sin embargo, los marcos legales
y convenios vigentes resultan aún insuficientes para garantizar el ejercicio
pleno de estos derechos en el plano cotidiano, una realidad palpable en el
contexto boliviano.
Un caso ilustrativo es el de
quienes resguardan la medicina tradicional y los saberes ancestrales (Arakuaiya / sabias y sabios, junto a
parteras tradicionales). Desde 1994, organizaciones indígenas de las tierras
bajas plantearon ante el Estado boliviano la incorporación formal y el
reconocimiento de las parteras en el sistema de salud público. A pesar de la
reiteración de esta demanda tras la promulgación de la Constitución de 2009, la
articulación efectiva no se ha concretado. Esta falta de respaldo institucional
ha acelerado la pérdida paulatina de este oficio ancestral, ya que las nuevas
generaciones no logran dar continuidad a la transmisión intergeneracional de
este conocimiento. Como consecuencia, las familias de diversas comunidades
deben recorrer largas distancias en busca de centros y postas de salud
convencionales.
La señora Nidia D'Orbigny
Mejía, partera indígena chiquitana, aseveró que la nueva generación ya no
quiere ser atendida por una partera indígena, pues prefiere la medicina
occidental sobre el cuidado con medicina ancestral libre de químicos; sumado a
esto, tampoco existe una política de Estado que fortalezca el trabajo de las
parteras originarias.
Para este 2026, las Naciones
Unidas buscan visibilizar esta problemática bajo el lema: “Honrar a las parteras Indígenas:
salvaguardar la vida y el bienestar”. La premisa central reconoce que la
labor de las parteras excede el ámbito sanitario: son actoras clave en la
preservación de la identidad cultural, la transmisión de saberes comunitarios y
el fortalecimiento de la memoria colectiva de los pueblos.
De acuerdo con datos de las Naciones Unidas, en
el mundo conviven más de 476 millones de personas indígenas distribuidas en 90
países. Aunque representan aproximadamente el 6% de la población mundial,
integran de manera desproporcionada los sectores con mayores rezagos socioeconómicos,
constituyendo cerca del 15% de la población en situación de extrema pobreza a
nivel global.


No hay comentarios:
Publicar un comentario