A diferencia de otros países donde el
Día de la Madre tiene un enfoque netamente comercial, en Bolivia se celebra
cada 27 de mayo con un profundo sentido histórico. Su origen se remonta a la
batalla de 1812 en la Colina de San Sebastián, en Cochabamba. Allí, ante la
ausencia de los hombres del ejército patriota, un grupo de valientes mujeres se
organizó para resistir a las tropas españolas. Por ello, esta fecha no solo
evoca el afecto materno, sino que se erige como un símbolo nacional de
resistencia, valentía y liderazgo.
Sin embargo, detrás de este homenaje
histórico, la realidad actual demuestra que las madres bolivianas siguen
enfrentando profundas dificultades estructurales. A menudo, su esfuerzo no es
plenamente reconocido y su trabajo productivo y reproductivo queda
invisibilizado en el segundo plano de la economía nacional.
Esta carga social se intensifica en
las comunidades indígenas, donde la figura de la madre está estrechamente
ligada a la defensa del territorio. Al permanecer en sus comunidades, ellas
asumen el cuidado de la producción agrícola y la protección de su entorno
natural.
Hoy en día, muchas mujeres indígenas
cumplen una triple jornada laboral: asumen el cuidado de la familia, sostienen
el tejido de la organización comunitaria y, simultáneamente, desarrollan
emprendimientos o trabajos externos para generar ingresos económicos para el
hogar.
En el pueblo guaraní, la continuidad
de la cultura y el cuidado familiar han recaído históricamente sobre los
hombros de las mujeres. Para analizar esta realidad, se conversó con la
Mburuvicha (líder) Cristina Taruisi, representante de la comunidad El Cruce,
perteneciente a la Capitanía Gran Kaipependi Karovaicho (GKK).
Al ser consultada sobre el significado
de ser madre guaraní en la actualidad, Taruisi explicó que la efeméride del 27
de mayo se convierte en un espacio de visibilización temporal. "Es casi el
único momento en el que se les da el valor que merecen y se aprovecha para
compartir y transmitir sus conocimientos. Ser madre aquí significa cumplir
muchísimos roles: cuidar a los hijos en la casa, atender al esposo... tenemos
una infinidad de trabajo", afirmó la líder indígena.
Guardianas de la identidad y la "semilla" del saber
Uno de los mayores desafíos actuales
para las mujeres de la zona es garantizar que la cultura ancestral no se
extinga. Para describir esta labor, Taruisi utiliza una metáfora: "La
mujer guaraní es la que guarda los conocimientos, como una semilla".
Este resguardo de saberes se evidencia
en la gastronomía y en la medicina tradicional. Según relata la Mburuvicha, las
madres antiguas cocinaban de manera natural, sin condimentos, transmitiendo
amor en cada plato. Asimismo, poseen el conocimiento de la medicina tradicional
y las propiedades de cada planta. "En mi caso, aunque conozco poco, lo que
me enseñó mi madre se lo voy transmitiendo a mis hijos para que no se pierda en
el tiempo", señaló.
Sin embargo, el pilar fundamental de
su resistencia cultural es la preservación de la lengua materna. "Somos
las cuidadoras de la lengua guaraní. Nos encargamos de transmitir el idioma a
nuestros hijos desde el vientre, junto con nuestra cultura, porque nuestra
vivencia es muy diferente a la de la ciudad", añadió.
Migración y el riesgo de la pérdida de identidad
A pesar del esfuerzo de las madres,
las comunidades de la capitanía GKK enfrentan un panorama complejo debido a la
modernidad y, fundamentalmente, a la migración forzada, lo que está provocando
una preocupante pérdida del idioma y de la identidad en las nuevas
generaciones.
Al evaluar las causas de este
fenómeno, Taruisi identificó la vulnerabilidad económica como el factor
principal. "Esto sucede porque los padres deben sacar a sus hijos a las
ciudades por falta de alimento y fuentes de empleo. En la ciudad se habla
castellano y, cuando los jóvenes retornan a la comunidad, ya tienen
dificultades para hablar guaraní. Muchas familias se mudan completas en busca
de trabajo, y es ahí donde se empieza a perder el idioma", lamentó.
A pesar de las adversidades y de las
brechas económicas, las madres indígenas continúan abriendo espacios de
participación política y social dentro de sus estructuras orgánicas. Cristina
Taruisi concluyó con una reflexión sobre el desafío de liderar en los tiempos
actuales: "Nosotras tenemos que organizarnos para cumplir con todo nuestro
trabajo, tanto dentro como fuera de la familia. Desarrollar actividades dentro
de la organización comunitaria es difícil, pero no imposible".





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