En los últimos años, Bolivia ha atravesado profundos procesos de cambio estructural. Sin embargo, este camino no ha sido sencillo: en el trayecto se han hecho más evidentes las brechas entre los diferentes estratos sociales, provocando focos de intolerancia dentro de nuestra propia sociedad.
Un claro ejemplo de ello ocurrió en mayo de 2008, en la ciudad de Sucre, cuando un grupo de campesinos fue agredido y humillado por sectores radicales. Este doloroso suceso marcó un hito y llevó al Gobierno a promulgar la Ley 139, que establece el 24 de mayo como el “Día Nacional contra el Racismo y toda forma de Discriminación”.
Posteriormente, en 2010, se promulgó la Ley 045, dando vida al Comité Nacional contra el Racismo y toda forma de Discriminación. Este comité tiene la tarea fundamental de: “Promover, diseñar e implementar políticas y normativas integrales contra el racismo y toda forma de discriminación”.
A pesar de estos avances normativos, la realidad demuestra que el racismo, la discriminación y la intolerancia siguen vigentes en nuestra sociedad. Esto se evidencia cada vez que surgen conflictos o manifestaciones en el país, como ocurren actualmente en las calles de La Paz, donde la COB, los mineros, los ponchos rojos y otros sectores sociales se movilizan, muchas veces afectando a las personas que viven del trabajo diario.
Ante este panorama, surge una pregunta inevitable: ¿existe todavía el racismo y la discriminación en Bolivia?
Para conocer esta realidad, conversamos con Abraham Braulio, mburuvicha y concejal guaraní del municipio de San Julián, quien afirmó que la discriminación continúa presente a pesar de las leyes vigentes.
"Sí, hasta el momento se da el racismo y la discriminación. No estamos libres de eso, más que todo por el aspecto físico y por el carácter. Eso se da hasta el momento a nivel nacional".
Asimismo, al consultarle si en algún momento se sintió discriminado, respondió:
"Puedo decirle que sí, porque durante todo este proceso, como guaraní y como representante del Distrito Indígena, podíamos conseguir las cosas mediante las leyes que existen a nuestro favor; sin embargo, en la realidad no es así. Para los pueblos indígenas es más difícil, y esto pasa por las autoridades que deben aplicar la ley y viabilizar los procesos, pero también por la ciudadanía que nos desconoce a nosotros como guaraníes. Por eso me siento discriminado, y más ahora que me encuentro como servidor público en medio único de otra cultura. Soy el único guaraní y eso lo vivo cuando voy a visitar otras comunidades, donde también me ven de forma diferente”.
En relación con las denuncias por racismo y discriminación, Braulio señaló:
"Sobre el racismo y la discriminación no hay una denuncia formal que se haya realizado, pero sí llegan quejas. Sin embargo, no se acude ante las autoridades correspondientes".


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