En el marco del Día Mundial de la Alimentación, la mburuvicha Gladys Pinto, responsable de Salud de la Capitanía Gran Kaipependi Karovaicho, expresó su preocupación por la pérdida progresiva de los hábitos alimentarios tradicionales del pueblo guaraní y por el impacto de la crisis económica en la alimentación de las familias. Ante esta situación, hizo un llamado a recuperar el consumo de alimentos nativos y preservar los conocimientos de la medicina ancestral.
Durante una entrevista, Gladys Pinto señaló que, pese a que las familias guaraníes mantienen la producción de cultivos tradicionales como el maíz, el cumanda (poroto o frijol), el zapallo y otros granos, una parte importante de estos alimentos se destina a la venta, mientras que las familias compran productos provenientes de la ciudad.
“Queremos ser realistas. Hoy en día vendemos nuestra producción, como el maíz, y con ese dinero compramos productos procesados de la ciudad, como pollo y arroz, en lugar de fortalecer el consumo de nuestros propios alimentos comunitarios”, manifestó.
La mburuvicha advirtió que el abandono de las prácticas alimentarias tradicionales, sumado a la falta de educación nutricional adaptada a la realidad de las comunidades, genera preocupación por la alimentación de niñas y niños. En ese sentido, destacó la importancia de recuperar preparaciones tradicionales como el achi, el guitimimo y otros alimentos elaborados a base de harina de maíz.
Asimismo, instó a las familias a tomar previsiones frente al incremento del costo de los alimentos y a evitar que toda la producción se destine a la venta.
Entre las medidas que propone, destacó la necesidad de reservar parte de la cosecha para el consumo familiar, de manera que las comunidades dispongan de alimentos durante los meses posteriores a la cosecha y puedan afrontar mejor las dificultades económicas.
Pinto también llamó la atención sobre la desigualdad entre los precios de los productos agrícolas y los alimentos que las familias necesitan comprar. Según explicó, el quintal de maíz producido en la comunidad se comercializa aproximadamente en 70 bolivianos, mientras que un kilogramo de carne puede costar 80 bolivianos y el kilogramo de arroz se encuentra entre 12 y 15 bolivianos.
Esta diferencia, señaló, refleja las dificultades que enfrentan las familias productoras para cubrir sus necesidades con los ingresos obtenidos de la agricultura.
Como alternativa para diversificar la alimentación, propuso impulsar huertos familiares, comunitarios y escolares que permitan producir hortalizas y complementar la dieta de niñas, niños y jóvenes.
La
preocupación por la alimentación también está vinculada con la preservación de
los conocimientos ancestrales sobre el cuidado de la salud. Frente a las
dificultades de acceso a los servicios públicos y al costo de los medicamentos,
la mburuvicha destacó que numerosas familias continúan recurriendo a la
medicina tradicional guaraní.
Entre las plantas utilizadas en los hogares mencionó la ruda, el cedrón y la vira-vira, además de preparaciones tradicionales que forman parte de los conocimientos transmitidos de generación en generación.
“Nuestros abuelos y sabios mantienen un conocimiento profundo. Cuando aparece una fiebre o una tos, la primera medicina está en la tierra. Gracias a la medicina natural logramos resistir diversas enfermedades en la comunidad”, afirmó.
Estos saberes representan parte del patrimonio cultural del pueblo guaraní y, según Pinto, es importante transmitirlos a las nuevas generaciones, reconociendo el conocimiento de las personas mayores y de quienes conservan las prácticas de la medicina ancestral.
Finalmente, desde la Secretaría de Salud de la Capitanía Gran Kaipependi Karovaicho se planteó la necesidad de contar con mayor apoyo de los gobiernos locales y nacionales, especialmente mediante asistencia técnica de profesionales en nutrición que conozcan la realidad de las comunidades y contribuyan a revalorizar los alimentos nativos y sus formas tradicionales de preparación.
El llamado de la mburuvicha Gladys Pinto apunta a fortalecer la soberanía alimentaria, promover el consumo de la producción local y preservar los conocimientos ancestrales sobre alimentación y medicina tradicional.
Recuperar estos saberes no solo contribuye a mantener viva la identidad cultural guaraní, sino que también representa una oportunidad para fortalecer la economía familiar y la capacidad de las comunidades para decidir sobre su propia alimentación.

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