Formación Solidaria (FORMASOL) cuenta
con un directorio conformado por profesionales de distintas áreas, quienes
acompañan y fortalecen el trabajo técnico de la institución. Entre ellos
destaca la Licenciada Arminda Siles Uriona, socióloga de profesión y mujer con
una profunda vocación de servicio. Su historia es un testimonio vivo de
esfuerzo, valentía y determinación.
En una entrevista reciente, Arminda compartió parte de su trayectoria personal, una vida marcada por la perseverancia y el deseo de superación:
“Yo me crié en el campo, estudié la primaria y secundaria en San Isidro, en la provincia Manuel María Caballero. Mis padres eran agricultores, por lo que mi vida siempre ha estado íntimamente ligada a la tierra”, recuerda con orgullo. Al terminar el bachillerato, tomó una decisión que cambiaría su vida: migrar a Santa Cruz para continuar sus estudios universitarios en sociología. Durante su formación académica, enfrentó uno de los momentos más difíciles de su vida:
“A mediados de la carrera quedé
embarazada y estuve a punto de rendirme. Muchas personas me decían que ya no
podría continuar, pero decidí seguir adelante. Ya no era solo yo, mi hija venía
en camino”.
Lejos de detenerse, Arminda continuo sus estudios con determinación:
“No fue fácil. Iba a la universidad embarazada y, prácticamente, mi hija creció conmigo durante esa etapa. A pesar de todo, logré terminar mi carrera”.
Aunque reconoce que no fue una situación ideal, destaca con orgullo haber demostrado que la maternidad no significó el fin de sus metas. Tras concluir sus estudios, realizó un diplomado e inició su carrera laboral en la Organización Católica de Cooperación al Artesano (OCCA), institución donde previamente había realizado sus prácticas. Allí impulsó procesos de formación y acompañamiento en Participación ciudadana, control social, huertos orgánicos familiares y alimentación saludable, trabajó en OCCA durante cinco años, consolidando su experiencia profesional.
Después de su etapa laboral en OCCA, y en este último tiempo, ha formado parte de varias empresas constructoras que tenían contratos con la Agencia Estatal de Viviendas, dentro del programa de construcción de viviendas solidarias para las familias de los sectores más vulnerables, lo cual le permitió acompañar a mujeres en su mayoría cabeza de familias, en la construcción de una vivienda digna.
Arminda también, reflexiona sobe las
dificultades de salir adelante sin apoyo: “Es complicado no tener apoyo, pero
cuando uno se propone algo, se puede. En mi caso, mi mayor inspiración fue mi
hija”
Su historia no solo inspira, sino que deja una enseñanza clara:
“Cuando uno tiene objetivos claros, se puede. Hay que poner a Dios por delante y seguir avanzando. Es difícil pero no imposible”.


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