Cada 17 de octubre se conmemora el Día Internacional para la
Erradicación de la Pobreza, una fecha que nos invita a reflexionar sobre una
realidad que aún afecta a millones de personas en todo el mundo.
Esta fecha nació en 1987, cuando más de cien mil personas se reunieron
en la Plaza del Trocadero, en París, el mismo lugar donde se firmó la
Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948. En esa ocasión se
proclamó que la pobreza es una violación de los derechos humanos, y se hizo un
llamado mundial a unir esfuerzos para ponerle fin.
Desde entonces, cada 17 de octubre se reconoce el esfuerzo y la lucha de
quienes viven en condiciones de pobreza, dándoles voz para que compartan sus
experiencias y sean protagonistas en la búsqueda de soluciones.
A esta dura realidad se suma la crisis climática, que golpea con más fuerza a quienes menos tienen.
Las comunidades más pobres son las que menos contaminan, pero son las que pagan
el precio más alto ante los desastres naturales, perdiendo cosechas, viviendas
y, muchas veces, vidas.
Frente a esto, la ONU impulsa distintas acciones para combatir la
pobreza. Desde el año 2018 hasta el 2027 se desarrolla el Tercer Decenio para
la Erradicación de la Pobreza, bajo el lema “Unidos para la Erradicación de la
Pobreza”. Este compromiso busca que los gobiernos trabajen de forma coordinada
para reducir las desigualdades y garantizar mejores condiciones de vida.
Sin embargo, la pobreza sigue siendo una realidad cercana, especialmente
en los pueblos indígenas, donde muchas familias enfrentan la falta de empleo,
tierras productivas, educación y acceso a servicios básicos.
En este contexto, conversamos con el mburuvicha Erwin Cuellar, quien
compartió su mirada sobre cómo la pobreza afecta a las comunidades indígenas y
qué acciones podrían ayudar a mejorar su situación.
El mburuvicha Erwin Cuéllar, del territorio indígena guaraní Kereimba
Iyaambae, explicó que la pobreza en las comunidades no solo se refleja en la
falta de dinero, sino también en las limitaciones para acceder a derechos
básicos como la tierra, la educación o la salud.
“En estos momentos se vive un desequilibrio, en lo económico, político y
ambiental. Esta crisis económica no solo se vive en Bolivia, sino en América Latina,
donde prevalece la economía de los ricos, por ende, los pobres son los más
vulnerables. Además, a esto se suman las guerras en Medio Oriente y Rusia
contra Ucrania. Los efectos colaterales, llegan hasta las comunidades guaraníes,
y repercuten directamente en la economía de las familias, por ejemplo, la
subida del dólar, ha provocado la subida de la canasta familiar, y con eso, no
hay fuente de trabajo para acceder a lo básico y afrontar esta crisis
económica”, manifestó.
Pero, ¿Qué acciones se puede tomar para enfrentar esta crisis?, al
respecto se refirió:
“Debemos buscar otro mecanismo, por ejemplo, para garantizar la
seguridad alimentaria, tenemos que empezar a producir nuestros propios
alimentos, para ello se tiene que priorizar la producción en nuestras
comunidades y contar con el apoyo de los gobiernos locales como también del Estado.
En el territorio Kereimba Iyaambae, las comunidades tienen
limitado acceso al agua, sin ello no podemos producir, y creo que primero
debemos solucionar este problema, para que podamos generar nuestra propia
economía a partir de la producción de nuestras comunidades. También, falta que
alguien nos lidere y nos ayudemos entre todos para salir de la pobreza”, concluyó.
A pesar de las dificultades, el mburuvicha destacó la fortaleza y unidad
de las comunidades guaraníes, que siguen buscando caminos para salir adelante
sin perder su identidad ni sus tradiciones.
En este Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, su mensaje
nos recuerda que acabar con la pobreza no solo es un objetivo global, sino una
responsabilidad compartida, que empieza por escuchar y valorar la voz de
quienes viven esta realidad día a día.



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