Los derechos humanos, establecen cómo debemos convivir
dentro de una sociedad, también regulan la relación entre el Estado y las
obligaciones que éste tiene con cada persona. Nos recuerdan que una vida plena,
solo es posible, cuando la dignidad y la libertad están garantizadas.
Cada 10 de diciembre, el mundo celebra el Día
Internacional de los Derechos Humanos, fecha que conmemora uno de los acuerdos
más trascendentales de la humanidad: la Declaración Universal de los Derechos
Humanos (DUDH). Este documento histórico, proclamado en París en 1948, recoge
los derechos inalienables de todas las personas, sin importar su raza, color,
religión, sexo, lengua, opinión política, origen social o económico, nacimiento
u otra condición.
Compuesta por 30 artículos, la Declaración sentó por
primera vez las bases de los derechos fundamentales que deben protegerse en
todos los países. El Art. 1 es contundente, el cual hace referencia que, “Todos
los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Dotados como
están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los
otros”.
A pesar de los avances históricos, la realidad
demuestra que la libertad no siempre es una garantía plena. Hoy en día, aún
existen personas que viven en condiciones similares a la esclavitud. Este es el
caso de la Comunidad La Tunita, perteneciente a la entidad territorial Kereimba
Iyaambae, que refleja una profunda historia de resistencia, y que hasta hace
poco vivió bajo un régimen de servidumbre, pero logró la tan anhelada
liberación. El Lic. Isaid Aramayo, representante legal del Gobierno Autónomo
Indígena Guaraní Kereimba Iyaambae, compartió detalles de este complejo
proceso:
Entre 2012 y 2013, durante el saneamiento simple
SAN-SIN, muchos de los propietarios aprovecharon el contexto para asegurar la
titularidad de sus tierras. Según Aramayo, el INRA priorizó a terceros sin
verificar adecuadamente requisitos como la Función Económica y Social (FES).
Fue en ese período que se identificó a varias familias
guaraníes viviendo en la propiedad La Tunita, donde permanecieron por más de
cuatro generaciones. Lo más alarmante: eran tratados como parte de la
propiedad. La tierra era vendida, y con ella “pasaban” las familias al nuevo
dueño.
La situación fue denunciada en una gran asamblea que
contó con la presencia del Defensor del Pueblo. A partir de entonces comenzaron
las gestiones para liberar a las familias guaraní. Pero el proceso estuvo
marcado por amenazas y amedrentamientos: desde advertencias de cortar el
suministro de agua, el pozo que abastece a Gutiérrez se encuentra dentro de esa
propiedad, hasta amenazas directas de envenenamiento contra las familias
guaraníes.
Aún así, la lucha no se detuvo. Tras años de
incidencia ante Derechos Humanos, el Defensor del Pueblo, y organismos
internacionales como la Organización de Naciones Unidas (ONU), el esfuerzo
finalmente dio frutos.
En mayo de 2025, después de una larga batalla, las
familias fueron oficialmente liberadas y recibieron el título de propiedad que
reconoce a La Tunita como territorio guaraní y de su propiedad.
Actualmente, la comunidad está compuesta por 26
familias, de las 14 que antes habitaban el predio, y ya cuentan incluso con un
ítem para un profesor.
“Hemos recorrido un largo camino. Mucho tuvo que ver
la voluntad política de las autoridades y la incidencia ante diferentes
instituciones. Hoy seguimos paso a paso, reivindicando los Derechos Humanos de
la Nación Guaraní”, concluyó el Lic. Isaid Aramayo.
Formación Solidaria (Formasol), se constituye en
defensora de Derechos Humanos, ya que desde su misión y visión impulsa el
acompañamiento a los pueblos indígenas de tierras bajas en la defensa de sus
derechos individuales y colectivos, promoviendo que sus demandas sean atendidas
con pertinencia sociocultural. En el caso particular de Tunita desde octubre
2024, Formasol viene apoyando a la Comunidad La Tunita, a solicitud de la
Capitanía Kaaguasu, debido a su situación de vulnerabilidad en comparación con
otras comunidades. Como parte de este apoyo, se implementó inicialmente un
huerto comunal, y posteriormente, atendiendo a las solicitudes de los propios
habitantes, se estableció un huerto escolar. Ambas iniciativas han tenido
resultados positivos, ya que las hortalizas y verduras cultivadas se destinan a
la alimentación de los estudiantes de la comunidad.
Pero no solo se trata de cultivar, también se ha
trabajado en la capacitación de las familias en prácticas de producción
agroecológica, enseñándoles a combatir enfermedades y plagas que afectan los
huertos de manera natural y con elementos de su entorno. Un hito importante fue
la realización del primer intercambio de experiencias en la comunidad,
abordando temas desde una perspectiva de género, lo que permitió fortalecer la
participación y el empoderamiento de las mujeres para el ejercicio de sus
derechos individuales y colectivos.
Formasol, no solo impulsa la producción local, sino
que también promueve un modelo de desarrollo sostenible y equitativo en la
comunidad, con un enfoque integral que involucra a todos los miembros,
especialmente a las mujeres y jóvenes.
El lema que guía la conmemoración de este día es:
“Nuestros elementos esenciales de cada día” o “Derechos Humanos: lo esencial de
cada día”. En este marco, Formasol reafirma su compromiso con la defensa y
promoción de los derechos individuales y colectivos de los pueblos indígenas.